En el año belgraniano, el recorrido de interpretación busca homenajear al abogado y general Manuel Belgrano, quien junto al Ejército del Norte supo hacer de nuestra ciudad, el escenario de la Batalla de Salta en la lucha por la Independencia americana. Desde el norte de la ciudad, con epicentro en la Finca y Casona de Castañares hasta aquellos rincones de nuestro casco céntrico, se relatan historias de los patriotas liderados por Belgrano, quien además de militar fue un hombre de avanzada en sus ideas educativas, culturales, políticas y económicas. Hoy son parte de nuestra identidad.

1- Casona de Castañares

El abrazo de Belgrano a Tristán impregnó el acuerdo de capitulación, dejando atrás la necesidad de entregar el sable del rendido jefe realista. El juramento establecía no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas y Belgrano garantizaba la integridad y libertad del ejército enemigo. Al día siguiente, los soldados realistas abandonarían la ciudad en marcha, con honores

2- Campo histórico de La Cruz

La implementación del sello está determinada por tres niveles de aplicación, uno obligatorio y dos voluntarios. El abrazo de Belgrano a Tristán impregnó el acuerdo de capitulación, dejando atrás la necesidad de entregar el sable del rendido jefe realista. El juramento establecía no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas y Belgrano garantizaba la integridad y libertad del ejército enemigo. Al día siguiente, los soldados realistas abandonarían la ciudad en marcha, con honores

3- Monumento 20 de Febrero

El Monumento a la Victoria de Salta o el Monumento al 20 de febrero, surgió tras la decisión de la Asamblea General de construir un monumento en honor a la memorable Batalla de Salta y la importante victoria en defensa de los principios de la independencia.

4- La Capitulación. El abrazo de Tristán y Belgrano.

El abrazo de Belgrano a Tristán impregnó el acuerdo de capitulación, dejando atrás la necesidad de entregar el sable del rendido jefe realista. El juramento establecía no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas y Belgrano garantizaba la integridad y libertad del ejército enemigo. Al día siguiente, los soldados realistas abandonarían la ciudad en marcha, con honores de guerra y depondrían las armas. Los prisioneros tomados antes de la rendición serían liberados a cambio de los hombres que eran retenidos en el Alto Perú.

El lugar que hoy ocupa el Colegio Belgrano era conocido como “La Tablada”, “Campo del Honor” o bien Campo de la Capitulación, por ser este el lugar donde se cree que fue el abrazo entre los Generales Belgrano y Tristán.

Una carta de Belgrano informaba del triunfo al gobernador de Córdoba:
“Las armas de la patria se han cubierto de gloria en el día de ayer, 20, logrando una completa victoria sobre sus enemigos; recuperar todo el territorio de Salta y Jujuy hasta Tupiza, hacer nuestras todas las armas y municiones del ejército enemigo, y todos los caudales públicos; reiterarse bajo este juramento que deben hacer su jefe y oficiales que no pasaron a nuestro ejército por sí y a nombre de los soldados de no tomar las armas contra las Provincias Unidas del Río de la Plata, en las que se comprenden: las Provincias de Potosí, Charcas, Cochabamba y La Paz; recobrar los prisioneros que existan en el territorio que debe ser evacuado, reteniendo nosotros los que hubiéramos hecho, ha sido el principal resultado de tan gloriosa acción”

Belgrano, ante las críticas, argumentaba su trato a los vencidos, a partir de lo que le dictaba la razón, la justicia y la prudencia, sosteniendo que no buscaba glorias sino la unión de los americanos y la prosperidad:

Siempre se divierten los que están lejos de las balas, y no ven la sangre de sus hermanos, ni oyen los clamores de los infelices heridos.

La Asamblea otorgó a Belgrano una donación de 40.000 pesos como premio por la victoria de Salta. Él, destinó ese dinero a la fundación de escuelas públicas de primeras letras en las ciudades de Tarija, Tucumán, Santiago del Estero y Jujuy, bajo un reglamento que redactó de su puño y letra y que fue el modelo adoptado por Córdoba en 1813, por Buenos Aires en 1816 y por Chile bajo el gobierno de O´Higgins.
El “Reglamento” que redactó para el funcionamiento son reveladores de concepción que Belgrano tenía de lo educativo y de su importancia en la sociedad. A su impulso se crearon una Escuela de Náutica y otra de Geometría y Arquitectura, además de imprimirse cartillas para que los agricultores sacaran mejor provecho de sus labranzas.

El reglamento de las escuelas, tuvo influencias del pedagogo suizo Juan Enrique Pestalozzi (1746-1827), previendo educación gratuita, valoración y sueldo digno para los docentes, igualdad entre los alumnos a partir de la prohibición de asistir con ropas lujosas. Unos de los artículos destacados es el numero 8, donde establece: “En las celebraciones del Patrono de la ciudad, del aniversario de nuestra regeneración política y otras de celebridad, se le dará al maestro en cuerpo del Cabildo, reputándosele por un padre de la Patria”.

Los Lateranenses en Salta. Durante su estancia en Roma, donde participaba en el Concilio Plenario Latinoamericano, Monseñor Matías Linares y Sanzetenea, quinto obispo de Salta consagrado por el Papa León XIII, consiguió el establecimiento en esta ciudad de los Lateranenses y Salesianos para fundar los colegios “Belgrano” y “Ángel Zerda”, respectivamente.

El Obispo Linares y Sanzetenea había nacido en Salta el 31 de agosto de 1841, y fue el primer salteño que ciñó la mitra episcopal. La Sociedad de Damas de Beneficencia había adquirido un amplio terreno con destino a la construcción de un hospital, pero al poco tiempo este solar fue vendido al obispo de Salta y después de Tucumán, monseñor Pablo Padilla y Bárcena, con el propósito de que allí se levantara un edificio destinado al estudio de artes y oficios. Al firmarse el convenio con los Lateranenses, esta congregación se comprometía establecerse en Salta y fundar un colegio católico de enseñanza primaria y secundaria; las autoridades civiles y eclesiásticas se obligaban a prestar todo el respaldo moral y material paro concretar este beneficio para la juventud Salteña.

Una de las congregaciones religiosas más antiguas de la Iglesia, es la Orden de los Canónigos Regulares, cuyos miembros renunciaban a todo derecho de propiedad y se proponían un ideal de vida común. Esta Orden de los Canónigos Regulares, precede a todas las demás órdenes religiosas por reconocimiento del propio Derecho Canónico. Con el tiempo, esta comunidad asumió la espiritualidad de San Agustín de Hipona, el más grande de los Padres de la Iglesia y uno de los más eminentes Doctores de la Iglesia occidental, muy próxima a los orígenes de la Iglesia de Jerusalén. Los primeros Canónigos Regulares de Letrán que embarcaron el 11 de agosto de 1899 rumbo a la Argentina, lo hicieron desde el puerto de Barcelona para integrar el cuerpo de profesores del futuro colegio en Salta. Estaba formado por los siguientes sacerdotes: Eugenio Lardizábal, rector; Agustín Ochandiano, José del Campo, Ildefonso Barandiarán (diácono) y los Coadjutores Miguel Oyarbide y Balbino López de Heredia, quienes viajaron acompañados del obispo Matías Linares y Sanzetenea. El 6 de septiembre el grupo llegó a esta ciudad siendo recibido en la estación del ferrocarril por una muchedumbre que participó momentos después de un Tedeum oficiado en la Catedral.

El 2 de abril de 1900 se iniciaron las clases con muy pocos alumnos para los tres primeros grados. Sólo diez internos y cuatro externos, cifra que se incrementó a cuarenta y ocho, tres meses después. En 1947 egresaron los primeros bachilleres de este Colegio Belgrano.

Historia del Colegio Belgrano
Originariamente, esta cuadra ubicada en el “Campo de la Cruz” fue propiedad del Señor Federico Stuar quien la donó en dos oportunidades a la Municipalidad de Salta para la construcción de un hospital. No habiéndose cumplido con esta finalidad pasó a manos de la Sociedad “Damas de Beneficencia”; posteriormente fue vendida al Dr. Pablo Padilla y Bárcena, obispo de Salta y después de Tucumán, pensando destinarlo a colegio y escuela de artes y oficios. Impedido este destino por fuerzas mayores, Monseñor Matías Linares y Sanzetenea construyó el anhelado colegio, quien se hizo eco de los clamores generalizados de los padres de familia que imploraban por la creación de un colegio católico para varones. “En la ciudad de Salta a los veintinueve días de octubre de mil ochocientos noventa y nueve, el Obispo Monseñor Matías Linares y Sanzetenea con el clero de Salta, con el motivo de bendecir la casa donde debe instalarse el Colegio Católico denominado Belgrano en su local ubicado en el Campo de la Cruz, procedió a verificar el acto, entregando la dirección del Establecimiento a los PP. Canónigos Regulares de Letrán y la posesión de la casa de acuerdo a las condiciones estipuladas”.

5- Plaza Belgrano

El abrazo de Belgrano a Tristán impregnó el acuerdo de capitulación, dejando atrás la necesidad de entregar el sable del rendido jefe realista. El juramento establecía no empuñar nuevamente las armas contra los patriotas y Belgrano garantizaba la integridad y libertad del ejército enemigo. Al día siguiente, los soldados realistas abandonarían la ciudad en marcha, con honores